Muchas clínicas hacen un trabajo médico excelente, pero su web no acompaña al paciente en su momento más vulnerable: cuando llega solo, buscando respuestas, sin saber si está en el sitio correcto.

En este diagnóstico reviso vuestra web desde ese lugar incómodo. Busco lo que siempre aparece: mensajes que suenan a jerga interna, recorridos que asumen que el paciente ya sabe qué necesita, llamadas a la acción que piden confianza antes de haberla construido. También detecto dónde falta empatía real —no la de manual— y dónde un simple cambio de orden o de palabras puede convertir un «no lo entiendo» en un «esto es para mí».

No se trata de cambiarlo todo. Se trata de ver qué está alejando a quien más necesita lo que hacéis, y ajustarlo para que esa persona sienta desde el primer clic: «Aquí me entienden. Aquí puedo confiar.»

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